Ambientada en los suburbios de Tokyo, este film del gran maestro alemán, protagonizado por Yakusho Kōji, es un bálsamo para el corazón, en medio de tanta película de temáticas trilladas y guiones predecibles.
El silencio y la música atraviesan el film Días Perfectos que transcurre, mayormente, con el personaje limpiando los baños públicos de Tokyo. Lo curioso es que estos baños públicos son hermosas obras de arquitectura y diseño, con colores y formas increíbles: de hecho la película se hizo gracias a la insistencia de Tokyo Toilet, ya que como parte de la preparación para los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio, este proyecto renovaría 17 baños públicos en el barrio con diseños de arquitectos y diseñadores de renombre mundial.
Alguien quería que Wenders hiciera otra película en Tokio, después de todo ese tiempo. Se trataba de Yanai Kōji, director de Fast Retailing, multinacional que opera Uniqlo y otras marcas, y de Takasaki Takuma, director creativo.
Involucrados en el proyecto de Tokyo Toilet, sabían que para mantener estos servicios sanitarios en buen estado es fundamental no solo el trabajo diario de su personal de limpieza sino también la concienciación de sus usuarios. Yanai consultó esta cuestión con Takasaki, y lo que surgió del TTT fue un proyecto de obra audiovisual que apelaría al subconsciente de las personas y conduciría a cambios en su comportamiento.
Ambos mencionaron a Wenders como candidato para la dirección. Y si bien al principio la idea era hacer una serie de relatos cortos, cuando recorrió Japón el maestro decidió hacer un largometraje a su estilo.
Hirayama, un héroe cotidiano.
El personaje de Yakusho Kōji se llama Hirayama, es un hombre simple, callado, que vive en un modesto apartamento, y que todos los días se levanta a la misma hora, realiza los mismos rituales y sale de casa con la misma vista esperanzada, levantada hacia el cielo.
Todas las mañanas (todos los Días Perfectos) limpia los baños públicos de Tokyo con la precisión de un cirujano, algo que sus compañeros jóvenes no entienden. Para él, la vida cotidiana es una meditación, un ritual de perfección, y lo hace en silencio. Las emociones surgen cuando, Hirayama, escucha en su auto las obras de Lou Reed, la música que más suena en la película; y lo curioso es que lo hace en casettes.
Pequeñas novedades, como la aparición de algunos personajes, van sucediendo en el film, pero son incorporaciones que sólo refuerzan el carácter dócil, amable y generoso de Hirayama; una sobrina que busca refugio, un compañero de trabajo que quiere dinero para invitar a salir a una chica; el ex marido de una amiga que tiene cáncer. Todos personajes que se entrecruzan con este taciturno japonés que es la vívida imagen de la receptividad y la calma.
Un film para emocionarse, quedarse tranquilo y escuchar buena música, mientras se comprende que la vida, como dice la canción de Lou Reed al final de la película «será una cosecha de lo que siembras». Una mezcla de tristeza-alegría. Una joya en Netflix.
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