Guillermo del Toro, tu función era asustarnos, no enamorarnos. Pero es lo que lograste con tu versión de Mary Shelley, Frankenstein, la misma que acaba de estrenarse en Netflix y que se robó mi corazón inexorablemente.
Una encuesta publicada esta semana en Instagram indica que no fui la única que lloró al borde de su asiento, mientras divagaba sobre la soledad, la fealdad, la belleza, la caridad y la crueldad humanas, unidas en sublime creación cinematográfica. El 85% dijo de Frankenstein «le encantó» frente a un tibio 7% de «me gustó».
Estadísticas aparte, si el 90% de la crítica hubiera defenestrado esta versión de Frankenstein, yo diría que es «bellísima, conmovedora, plena de poesía, dolor, muerte y tragedia, una película profundamente humana». Y nadie me movería de mi sitio.

Frankenstein, personajes, sueños y existencia
La historia de cada personaje es contada en flashbacks: presenciamos los orígenes traumáticos que convirtieron en villano a Víctor Frankenstein (protagonizado por Oscar Isaac) un médico, mitad artista, mitad loco, obsesionado por vencer a la muerte. El monstruo (Jacob Elordi) es, por su parte, la perfecta representación de un ángel caído.
Un niño enorme, deforme y a su vez hermoso, inocente y frágil. Asustado por un mundo que no entiende y que no lo comprende a él. Su cuerpo, construido con partes de hombres muertos en batalla, está semidesnudo, lastimado y siente frío. Tiene fuerza sobrehumana, puede sentir ira y dolor, pero no puede morir. Esta es su tragedia. Como un niño desprotegido, repite una y otra vez la misma palabra, Víctor, la única que conoce, el nombre del padre que lo creó, lo rechazó, lo lastimó y quiso matarlo.
La desolación en la que nos sume el personaje creado por Elordi, es proporcional a la ternura que inspira; su búsqueda de cariño, amistad y comprensión, su empatía con los demás seres vivos, su estupefacción al descubrir el origen de su vida, su amistad con el anciano del bosque, su generosidad y capacidad de redención. El personaje es bello en su naturaleza.
El papel que desempeña Mia Gotth (Elizabeth Lavenza) es otro de los grandes logros de la película: Elizabeth ve al mundo y a los seres como creaciones divinas y perfectas, ella y sólo ella puede ver a Dios incluso entre los cadáveres que Víctor utiliza para sus disecciones. Prometida para casarse con el hermano menor de Víctor, Elizabeth siente cariño y compasión por la criatura, cuya inocencia la conmueve. Finalmente ella recitará una de las frases más bellas del film: «el amor es breve, es estar perdido y haber sido encontrado, aunque sea por un instante, me alegro de haberlo encontrado contigo».
Sinopsis Detallada
La Creación y el Rechazo: Ambientada en la Europa del Este del siglo XIX, la historia sigue la ambición de Víctor Frankenstein de desafiar a la muerte. Con la ayuda de un misterioso mecenas, Heinrich Harlander (Christoph Waltz), Víctor logra dar vida a una criatura humanoide (Jacob Elordi). Inicialmente, Víctor se complace con su creación y le enseña a hablar y a reconocer la luz. Sin embargo, su ego y falta de empatía lo llevan a rechazar y luego a encadenar a la Criatura.
La Búsqueda de la Criatura: Dolida por el abandono de su creador, la Criatura escapa. A diferencia de otras versiones, Del Toro le otorga a la Criatura una inocencia y humanidad innata, pero esta es destruida por la crueldad y el miedo de la sociedad que la ve como un monstruo. La Criatura, que mantiene recuerdos fragmentados de las vidas de las personas cuyas partes la componen, comienza un viaje de soledad y búsqueda de identidad.
Venganza y Tragedia: La Criatura regresa a la vida de Víctor para exigir un compañero, pero Víctor se niega. Esto desencadena una cadena de tragedias y venganzas que culmina en la muerte de seres queridos de Víctor, incluyendo a su prometida Elizabeth (Mia Goth).
El Clímax en el Ártico: La película cierra con la persecución final en el desolado Ártico. Víctor, consumido por la culpa y el deseo de venganza, persigue a la Criatura. Finalmente, ambos se encuentran en el barco ballenero. En un momento de profunda emoción, un Víctor moribundo se reconcilia con su creación, y la Criatura, mostrando su humanidad, perdona a su creador y libera el barco del hielo, permitiendo que la tripulación y el cuerpo de Víctor regresen a casa.
La película es una exploración profundamente emocional y humanista de temas como la responsabilidad del creador, el rechazo social, la soledad y la naturaleza de la humanidad. El verdadero monstruo, según esta visión, es la falta de empatía de Víctor.

