Sustentabilidad. Un término que en estos días se usa mucho en ámbitos empresariales. Moda? Creo y espero que no. Con la pandemia de Covid 19 y aún antes, gracias a la ciencia que nos informa sobre calentamiento global, la falta de agua, la polución y degradación de los suelos, nos hemos dado cuenta que el Planeta – y nosotros mismos-  no sobreviviremos a menos que modifiquemos comportamientos y prácticas, y las llevemos hacia formas más ecológicas y colaborativas.

Sobre el tema de cómo se trabaja en el ámbito vitivinícola para mitigar el impacto de las industrias sobre la naturaleza, pero también para contemplar el ser humano dentro de su ecosistema, Andrés Valero, Líder de Sustentabilidad & RSE de Grupo Avinea, detalla en esta entrevista, cuáles son los consensos mundiales para lograr prácticas más sustentables en vitivinicultura.

 

– En la última conferencia de Wines Americas se trató el tema sustentabilidad en el mundo del vino, usted fue uno de los disertantes, concuerda en la idea en que todos los países productores deben ponerse de acuerdo en cómo definen «sustentabilidad» y ¿cuáles son las acciones que debe hacer la vitivinicultura para considerarse sustentable?

El concepto de desarrollo sostenible es relativamente nuevo, desde su primera definición formal en el Informe Brundtland en 1987, ha ido ganando terreno, adaptándose a la realidad de cada sector y país teniendo una creciente implementación en especial en la última década.

A estas alturas creo que hay un común acuerdo en que la sustentabilidad es un concepto que engloba múltiples dimensiones, en donde se busca alcanzar organizaciones económicamente viables, en un marco socialmente justo y asegurando una interacción ambientalmente racional o regenerativa. Se puede decir que la vitivinicultura a nivel mundial fue uno de los primeros sectores en entender que ninguna empresa o país pueden alcanzar el desarrollo sostenible si no es a través de acuerdos y colaboración. Ya en 2004 los países miembros de la OIV (Organización Internacional del Vino) aprobaron las primeras directrices y definiciones sectoriales acerca de la sustentabilidad. A nivel local ya en 2010 desde Bodegas de Argentina se crea la comisión de Sustentabilidad, formada por expertos de los ámbitos privados y académicos. Esta comisión en 2011, publicó el Protocolo de Autoevaluación de Sustentabilidad Vitivinícola de Bodegas de Argentina, siendo perfeccionado con la colaboración de Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo). Protocolo que en la actualidad es certificable y demuestra el compromiso por las prácticas sustentabilidad siendo reconocido tanto a nivel local como internacional.

Como todo proceso en evolución, la dinámica actual exige ir un paso más allá en los consensos, incluyendo no sólo a los referentes regionales sino también a los compradores de vino y los proveedores de insumos y packaging. Es por eso que desde el grupo Avinea, decidimos ser uno de los fundadores de Sustainble Wine Roundtable. SWR es una mesa internacional creada como un ámbito de discusión y consenso acerca de qué aspectos de la sustentabilidad no deben dejar de estar en la agenda de las empresas del sector.

Para que la sustentabilidad sea un concepto transformador es muy importante acordar temas comunes para todas las regiones como la adaptación y mitigación al cambio climático, la gestión del agua, la protección de la biodiversidad y el suelo, el cuidado de los colaboradores, la debida diligencia en la cadena de suministros, los aportes a las comunidades locales y la promoción del consumo responsable.

– Hoy está de moda lo orgánico, lo biodinámica, e incluso lo vegano en el vino, ¿podríamos decir que estas son prácticas sustentables? O ¿prácticas saludables? ¿Cuál es la diferencia?

Existe una creciente búsqueda por parte de los consumidores de productos que reflejan atributos de sustentabilidad, y es natural que conceptos como orgánico ganen cada vez más notoriedad. La vitivinicultura orgánica se destaca por un sistema de producción desarrollado manteniendo la biodiversidad de los ecosistemas y la fertilidad de los suelos a largo plazo sin la utilización de productos de síntesis química.

Los consumidores son cada vez más conscientes del rol que juegan en las cadenas productivas y la influencia positiva que pueden tener con su decisión de compra. Y es nuestro rol como sector lograr explicaciones más sencillas de los diferentes atributos de sustentabilidad que reflejan nuestros productos para que puedan ser identificados con mayor facilidad.

Ser sustentable se trata de un propósito como organización. En el Grupo Avinea es nuestra identidad. El manejo orgánico, creemos que es la mejor herramienta para obtener vinos que expresen las bondades del terroir de las distintas regiones donde estamos presentes y nos permiten mantener las bondades de la tierra en el tiempo. Tenemos la convicción de que la sustentabilidad es la forma que nos permite liderar y crecer sumando valor para cada uno de nuestros colaboradores, para las comunidades donde operamos y para nuestros clientes y consumidores.

– ¿Cómo entra el factor humano en las prácticas sustentables de las empresas? Se habla mucho de viñedos, procedimientos, pero poco del cuidado de los empleados, de la gente que trabaja en una empresa al menos en Argentina, ¿cómo se define lo sustentable en este sentido?

No existe producto sustentable si no ha sido producido en condiciones éticas y transparentes. El factor humano tiene un rol clave en la sustentabilidad. En este sentido buscamos garantizar que las condiciones de empleo sean éticas mientras aspiramos a generar un entorno que contribuya al bienestar y al desarrollo humano de los colaboradores.

Esto implica además de comprometernos, implementar y ser auditados en códigos de ética reconocidos a nivel como la Iniciativa de Comercio Ético (ETI) (https://www.ethicaltrade.org/) y la auditoría ética de la plataforma SEDEX.

Esto nos ha llevado a generar canales de comunicación con nuestros colaboradores para entender sus verdaderas necesidades. En este marco desde 2018, avanzamos con la certificación de comercio justo bajo el estándar de Fairtrade Internacional en todas nuestras fincas y bodegas de Mendoza. Esta certificación además de los estrictos requisitos en materia de condiciones éticas y ambientales, estipula que un porcentaje de cada venta de producto de comercio justo identificado con el logo de Fairtrade Internacional,es destinado a un fondo para proyectos sociales. Estamos muy ansiosos de ver antes de fin de año materializado estos proyectos en las comunidades locales.

– Si bien ya se venía hablando del tema la pandemia parece haber acelerado todo, ¿qué cambios se proponen a nivel de sustentabilidad en las empresas a partir del Covid 19?

Creo que la pandemia nos obligó cuestionar el status quo en el cual vivíamos y dio mayor visibilidad a muchos aspectos que veníamos trabajando ayudándonos a consolidar una cultura sustentable. Muchas de las restricciones, nos obligaron a incorporar herramientas como la virtualidad, que el día de mañana nos van a ayudar reducir los traslados y viajes cuando estos no sean totalmente necesarios, lo que conlleva desde el punto de vista de la sustentabilidad a un impacto positivo en las emisiones de gases de efecto invernadero.

– Por último Chile está armando una asociación de viñateros orgánicos, y se erige como el país más avanzado en viticultura orgánica en Sudamérica, ¿Argentina está muy lejos de Chile en este sentido?

Creo que el hecho que Chile avance con la vitivinicultura orgánica, debe ser un incentivo para la Argentina y un llamado a la acción en términos de posicionamiento en los mercados mundiales.

La Argentina en la actualidad tiene el doble de superficie orgánica que Chile, consolidando una tendencia de aumento de hectáreas bajo producción orgánica que se mantiene constante años tras año. Proyectos bajo producción orgánica, como los que llevamos a cabo desde Grupo Avinea, han demostrado poder producir vinos reconocidos y premiados no sólo por sus buenas prácticas ambientales sino por su calidad.

 

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