Por Giuliana Perinetti

Son algunos de los diseñadores más famosos del ambiente. Cada uno con un punto de vista diferente sobre el rumbo que está tomando la imagen de los vinos argentinos. En esta nota revelan las tendencias de moda, abren su estrategia  y como la pandemia y la falta de insumos influyó al rubro. Diversidad de miradas a lo que respecta a la carta de presentación de la bebida nacional.

 

Maggie Moreno dueña y directora de Creative Company :  «Hoy no está clara la identidad de nuestros vinos»

“Antes estaban mucho más claras las tendencias, hoy ya no, nos encontramos en un momento de mezcla de todos los estilos. Hemos pasado de imitar a los franceses a casos más indígenas, como así también de animales (tendencia que nació con la marca australiana “Yellow Tail”), pasando al misterio, lo mágico y esotérico; así como también por la “story telling” donde el consumidor termina la historia, siguiendo con las ilustraciones en blanco y negro, y así un largo devenir de modas” explicó la Ingeniera industrial, especializada en gráfica.

Ella opina que en este momento nos encontramos en una diversidad en la que no está clara la identidad de nuestros vinos. «Hemos sido fieles imitadores de tendencias, las cuales duran diez años aproximadamente. Ahora estamos en un gran popurrí de todas ellas. En mi caso si bien realizo investigaciones por regiones , mis trabajos son diseños propios donde jamás sigo a nadie, son el resultado de mi creatividad pura”.

En relación a los elementos que se ponen en valor en la etiqueta, Moreno comenta:» Todo depende del cliente. Si es una bodega con nombre de familia cómo Catena o Arizu, que llevan mucho tiempo, nos vamos a encontrar con etiquetas más conservadoras que priorizan la marca. Por su lado, los proyectos de enólogos van a comunicar más en el terroir, lo enológico en sí. Los diseñadores vamos a enfocarnos más en los consumidores. Nos podemos encontrar con marcas con significados, en ese caso vamos a comunicar un concepto en la etiqueta y todo el packaging»

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mariela Gutelli, Estudio Caliptra:  «No todas las bodegas pueden hacer una etiqueta de tendencia» 

Tendencias hay muchas – dice Gutelli- pero no una puntual. Como agencia buscamos lo mejor para cada empresa. Que ese producto este alineado con su mercado” aclaró la dueña y directora de gráfica Gutelli.

“Se tienen en cuenta muchos factores a la hora de armar un proyecto, asegura la diseñadora: producto, mercado, concepto, historia narrativa (tortelling) y por último que el resultado sea adecuando al consumidor». A lo que agregó, que no todas las bodegas pueden hacer una etiqueta de tendencia. «Se analiza muy bien cada marca y su estadio, no es lo mismo una megaempresa que tiene 500 años de historia que un proyecto pequeño que recién nace».

En relación a los elementos de valor de la etiqueta, explicó que se tienen en cuenta todos los atributos, la marca, el terroir, la zona de producción, el varietal y el enólogo. “A la hora de explotar estos conceptos se va priorizando qué tiene relevancia, pero a fin de cuenta en el packaging conviven todos armónicamente”.

 

 

Estudio Julieta Carbonari «El objetivo de todos es destacarse en las góndolas»

“Las tendencias siempre cambian. Hoy en general hay tanta oferta que la gente está abierta a diferentes estilos de etiquetas. El objetivo de todos es destacarse en góndolas, ya sea con dibujo o serigrafías.  La idea es que cada vino comunique su esencia y cuente la historia que hay detrás” dice contundente la diseñadora Julieta Carbonari.  A lo que agregó:  “Siempre creí que menos es más y hoy eso no se aplica porque hay mucha oferta. Si creo que uno tiene que mantener el estilo de diseño de la bodega”.

Una etiqueta dependerá también del mercado, no sólo se tiene que comunicar la esencia del vino, sino que además adaptarse a las costumbres del país y de los consumidores a los que va dirigido.

Por ejemplo, en el caso del vino “Tan solo” del cantante de Ciro y Los Persas, con Andrés Bignoni como enólogo, se hizo etiqueta simple en serigrafía, que resalta por su simpleza y que tuvo una buena repercusión en los consumidores y eso se ve reflejado en las ventas. «Lo que se destaca es la marca y el nombre, pero con una sencillez y elegancia que rompe con los cánones de otros».

En relación a qué le  gusta al consumidor y que busca una imagen dijo que “dar en la tecla es bastante complicado. El diseñador tiene un trabajo difícil, hay que destacarse, pero no hay que aturdir” cerró la diseñadora directora del estudio que lleva su nombre.

En relación a los elementos que están en juego dentro de la etiqueta explicó que hay que trabajar cada vino como un mundo distinto. Eso depende de cada producto. La marca es muy importante, por su lado los enólogos intentan no aparecer tanto. “En el frente es muy importante colocar los valores que hacen ese vino especial”, explicó.

Pero hablando de tendencias, hace uno años el tema de los varietales se había obviado, después se le dio más importancia la terroir. Hoy nuevamente hay más variedades y el consumidor se anima a probar así que vuelve esta tendencia de darle un lugar importante al varietal.

 

 

José Bahamonde de Estudio Arena – Bahamonde: «Las tendencias en estilos me parecen peligrosas»

Con su estilo desenfadado y arriesgado a José Bahamonde le parece que hablar de estilos y tendencias lleva a la copia. “Hay peligrosamente una copia de estilos; a mí no me gusta hablar nunca de tendencias en la imagen, cada vino es distinto. De hecho, cuando aparecen tendencias me parece súper peligroso. Hay algo de moda y empiezan a ver varias parecidas, y eso es algo malo ya que cada vino es diferente. Hay una falta de sincronía entre lo que el producto es y lo que muestra ser, error que termina pagando la bodega” .

Seguir una tendencia lleva a piezas de diseño interesantes, pero desprovista de conceptos. Además, que los primeros son exitosos y el resto al ser seguidores no tienen el mismo éxito, piensa.

Cada vino es un mapa 3 “D” hay que tener en cuenta el perfil de la bodega, el vino y canales de distribución. No es lo mismo un vino en góndola que un vino de vinoteca.

El publicista, especializado en marketing y creatividad, ejemplifica: “hay proyectos  pequeños, conoces a la familia que lo vende que es clásica y se ven forzados (por un trabajo mal planteado) a tener una cosa súper moderna; donde tienen que trasmitir la imagen de ese producto y no lo hacen”.

Por ejemplo, «Otro Loco Más», es un monoproducto donde no se conoce el enólogo, ni el terroir, o zona de producción.  Pensada pura y exclusivamente para el consumidor de ese vino, la etiqueta es para que quien lo compre pueda llevarlo a una juntada y no se pueda hacer ningún comentario al respecto más que si gusto o no gusta el vino en sí. «Ha sido un éxito, hoy se venden cerca de 10 millones de botellas en el año, siendo un proyecto de no más de 5 años».

A partir del “Mapa tres D” se decide cómo se articularán los elementos, se decide cómo se van a comunicar, el origen del vino y sus características, teniendo en cuenta dónde se va a vender y la situación de consumo. Para ello es necesario un equipo multidisciplinario, un diseñador no está preparado/a para definir una estrategia de marca, explicó el director creativo de Arena Bahamonde.

 

Gato Ficcardi del Estudio Boldrini – Ficcardi: «Están de moda las etiquetas dibujadas a mano»

En relación a las tendencias, el diseñador gráfico Ficcardi, quien trabaja junto a Víctor Boldrini en uno de los estudios más reconocidos de Mendoza, explicó: “Las marcas locas, más irreverentes, rebeldes, descontracturadas y disruptivas están súper de moda. Ya que casi todo está registrado, además es difícil llamar la atención porque hay miles de marcas.”

“Con respecto al tipo de producto, dentro de los vinos naturales están de moda las etiquetas dibujadas a mano. Es el caso de los vinos naturales o Pet Nat, con ilustraciones de los dueños o de animales, por ejemplo”.

“También están las etiquetas que tienen muchos acabados de relieves, etiquetas que tienen hasta tres tipos de papales distintos o 3 relieves diferentes  ya que con las tecnologías  todo es posible”, agregó el diseñador.

Otra tendencia, es que ahora los vinos se comunican mucho antes de salir al mercado. «Es muy redes sociales esto. Gracias a las redes, la rueda gira un poco al revés, antes tenías el vino, las etiquetas impresas y recién ahí empezabas a hacerle publicidad al vino. Hoy las comunicaciones han dinamizado mucho y esto también es tendencia» asegura.

A diferencia de algunos de sus colegas, Ficcardi sí habla de una identidad. “En mi opinión sí tenemos una identidad de etiquetas de vinos argentinos. Antes de 2000 imitábamos las tendencias del momento, pero con el pasar del tiempo empezó una revolución, ya que el europeo quiere comprar lo propio de tu país, el lenguaje, la gente, la geografía, la cultura, el lunfardo, el deporte, hay una riqueza de cultural que si se ha empezado a trasladarse en las etiquetas” aseguró.

Hoy la gran mayoría de los productos líderes del mercado tiene que ver con la cultura propia de la Argentina. Por ejemplo, etiquetas como «Enemigo» y «Gran Enemigo», «Mosquita Muerta», «Hey Malbec», «Piedra Infinita» y más. «En ellos una identidad argentina de etiquetas que se ha ido construyendo» detalla.

En las etiquetas argentinas y países del Nuevo Mundo vitivinícola, Australia, Argentina, Sudáfrica, Chile,  los elementos son los mismos: marca, variedad y procedencia. Los secundarios son alturas, enólogos, acompañamiento y algún concepto. «En ese contexto casi todos los productos hacen hincapié en la marca, la idea es que la marca empiece a dialogar con vos» dijo Ficcardi.

 

 

Pandemia: insumos escasos y largo tiempo de entrega

Los 5 referentes del diseño coinciden en la falta de insumos que está atravesando el área y como la inflación, las políticas de estado, y la dolarización del rubro son dificultades comunes. Además comentaron sobre los tiempos de entregas de proyectos.

“La falta de botellas es hoy el mayor conflicto, algo similar pasa con las capsulas, donde hay un mínimo muy fuera de escala para las partidas pequeñas, esto es tremendo para producir bajos volúmenes” explicó Maggie Moreno de Creative Company.

En relación a los tiempos de entrega, la diseñadora explico que, las imprentas han tenido que reducir su personal y hacer turnos mañana y tarde, y que algunas tienen insumos extranjeros, por lo que la elección del papel también se les complica muchísimo.

Por su lado, Mariela Gutelli comentó que Más allá del costo tecnológico que tenemos que se incrementa y es en dólares, uno de los principales costos que tiene una agencia es su capital humano, es lo que más demanda” comentó la diseñadora.

En relación a los tiempos de entrega de un proyecto de diseño puede durar de 30 días a un año, dependiendo de la complejidad del proyecto, y por otro lado, el desarrollo en la imprenta es de 15 a 20 días, explicó Gutelli.

Julieta Crabonari comentó: “Diseños lindos, diseños acordes a cada bodega, productos de excelencia bajo condiciones actuales y dentro de lo que hay se hace lo mejor” así estamos trabajando en este contexto pandémico.

“La pandemia lo que menos afectó fue el trabajo del diseñador, no trabajo de forma presencial hace muchos años, sí afectó a los insumos. Hemos tenido que reducir o aumentar el tamaño de etiqueta por cambios de botella, las cápsulas también están en escasez”, cerró Julieta.

Por su parte, Ficcardi agregó que: “Más que falta de botellas y la dolarización de los insumos, lo que más nos ha matado es la inflación. Pero en la otra mano se toma mucho más vino, así que en el rubro de etiquetas, todos hemos tenido bastante laburo. Las bodegas cada vez sacan más marcas, más productos” indicó.

En relación a los tiempos de entrega, explicó “Las posibilidades se han ampliado muchísimo hoy se usan las autoadhesivas y en la técnica de impresión podés hacer todo de un solo tirón, podes imprimir a un ritmo bastante acelerado de 5 mil a 10 mil por hora. El desarrollo de un proyecto varía dependiendo las necesidades del proyecto”.

 

 

 

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.