Cuando el empresario de origen chileno Patricio Reich empezó a venir a Mendoza allá por el 2001, avizoró un futuro promisorio para el vino de estas tierras. Al sinnúmero de razones que tuvo para desembarcar en Mendoza y desarrollar su proyecto, Bodega Renacer (ubicada en calle Brandsen, una de las más lindas de Luján de Cuyo) lo deshilvanamos en una conversación prolongada, franca y entretenida, en la que abordamos particularmente los cambios generados tanto por la pandemia de Covid -19 como por el cambio climático, ambos desafíos enormes no sólo para el negocio del vino, sino para la humanidad como un todo.

«Todo nuestro negocio depende del terroir pero si estos cambian terriblemente a causa del clima nos  vamos a quedar sin negocio.  Hoy en Chile las bodegas compran bodegas bien al Sur porque el calentamiento y la falta de agua golpean» comienza comentando el empresario, preocupado por la falta de medidas de los líderes mundiales para detener el calentamiento global.

El otro gran tema de nuestra conversación es la pandemia. «Yo creo que el Covid ha servido para que el mundo se dé cuenta que tenemos límites como humanos y que claramente los hemos sobrepasado, como la naturaleza no tiene boca para hablar tiene una forma distinta de expresar las cosas», resume.

Fue esta conciencia ecológica la que lo llevó a invertir en esta tierra. «Estamos en Argentina y en Mendoza porque creo que ese terroir es optimo y está al nivel de los mejores para producir vino tinto en el mundo. En 2001 vi las diferencias que había respecto de Chile, donde se ha desarrollado un sector de viñas muy parecido al americano, grandes viñas integradas verticalmente,  Argentina en cambio, tiene muchas bodegas chicas y medianas que necesitan comprar servicios y por tanto hay servicios en todos los niveles, por ejemplo el fraccionamiento móvil, es un ecosistema que permite que bodegas medianas y chicas puedan sobrevivir sin inversiones injustificadas. Además el terroir cumple varios requisitos, la luminosidad que cae por metro cuadrado en Argentina es única, algo que no pasa en Chile por la humedad, ese es un activo maravilloso para lograr una maduración perfecta de todos los vinos tintos», enfatizó.

Entre las ventajas cita además que Mendoza es un plano inclinado, que tiene una gran diversidad de alturas y una gran diversidad de uvas de la misma variedad, en los diferentes valles. «Como en Chile no tenemos philoxera tenemos además una gran restricción para incorporar nuevas variedades, entonces Argentina tiene más ingredientes para armar distintos platos», ejemplificó.

Reich, que diez años antes vio como Chile transformaba su sector exportador «de vino a wine» como él le llama, es decir de una producción de vinos masivos de escasa calidad para mercado interno a vinos más cuidados para exportación, llegó a Argentina justo cuando este fenómeno estaba comenzando. «Y teníamos esta maravilla y diamante en bruto que había que explotar, el Malbec!  Ahora todos los importadores tienen un Malbec, los franceses, los chilenos, los americanos, cultivan Malbec y por tanto es momento de innovar» afirma.

  • ¿Como inversor extranjero, de qué manera vivenció las diferencias del contexto macroeconómico que ofrece Argentina?
  • Cuando empezamos la situación era bien distinta, teníamos impuestos razonables que hoy se han convertido en altamente irrazonables. Esto afecta no sólo a la vitivinicultura sino a todos los sectores que a fin de año terminan sintiendo que trabajan para terceros. El negocio del vino es lindo, pero no es beneficencia. Es una pena que todo lo que se exporta tenga que salir por Chile porque el puerto de Buenos Aires es el más caro del mundo, si Argentina tiene un problema serio de dólares lo que tiene que hacer es aumentar las exportaciones, y no sostener esta actitud proteccionista y restrictiva. Si ingresan muchos dólares, todo se puede comprar. En fin, son problemas complejos de larga data que hacen que se pierda dinamismo en la industria. Faltan botellas, faltan empresas de diseño, y si faltan insumos no podemos trabajar, porque nosotros no exportamos vino, exportamos un producto muy sofisticado.
  • Por qué cree usted que la visión en Chile es tan diferente? El Gobierno central apoya cualquier actividad exportadora, sea de la región que sea.
  • En Chile no existe esta dicotomía región-capital. Chile no otorga ningún beneficio para la instalación de una industria en un determinado lugar. Las políticas macroeconómicas en este país son bastante diferentes a las de Argentina en todo caso.

 

  • Volviendo al tema con el que comenzamos, la necesidad de tener industrias sostenibles y ecológicas, en Renacer alcanzaron las certificación orgánica en viñedos y bodegas ¿Qué otras acciones están realizando en ese sentido?
  • Nosotros fuimos la primer bodega en Mendoza que certificó carbón neutral en la entrega de producto. Recientemente instalamos paneles solares en el techo de la bodega lo cual ahorra cantidad increíble de energía, con la que manejamos la temperatura en la sala de barricas, dos o tres años partimos con el vino orgánico que lanzaremos en el segundo semestre porque nos parece que hay que diferenciarse y seguir las tendencias del resto del mundo. El Covid -19 aceleró las tendencias a ser más responsables con la salud. Todo mundo busca comer más sano, no consumir productos con componentes industriales, e incluso apuesta a los packaging ecológicos en el vino, como los tapones de caña de azúcar y las botellas livianas.Yo creo que la próxima revolución del vino viene por el packaging, más por el continente que el contenido, ya que este ultimo está estabilizado.

 

  • Cuénteme más sobre esta revolución del packaging…
  • Hay países como China por ejemplo que todavía nos pide tapón natural, pero prácticamente todos quieren tapones ecológicos. Pienso que las botellas de vidrio de 750cc que a veces pesan casi un kilo son un poco anacrónicas, el consumo masivo tanto en Chile como en Argentina es en tetra pack, por eso creo que iremos hacia envases más ecológicos, como el bag in box. Vamos a gran velocidad hacia productos más sustentables y ecológicos y el Covid aceleró ese proceso. Vendrán nuevas maneras de vender vino.

 

  • ¿Usted colocaría uno de sus vinos Reserva en lata? O en tetra?
  • Yo pondría un punto final reserva en una lata o en un tetra pack, el problema es que el consumidor todavía no se saca esas ideas atávicas mentales. Los tetra pack actuales son biodegradables. Queremos innovar pero tenemos limitaciones, porque para sacar vino en lata te piden que hagas un millón de botellas.

 

  • ¿Y qué hay del contenido? Hay bebidas de 5 grados de alcohol, podríamos ir a vinos así? Esto también es bastante revolucionario!
  • Hoy estamos siendo atacados con dos armas nuevas, cervezas artesanales muy diferentes y atractivas. La otra es el famoso Hard Seltzer, una cosa que tiene 5 grados de alcohol fácil de beber y que no embriaga, el alcohol sigue siendo un problema para el consumo masivo de vinos, sin embargo, cuando uno le quita el alcohol al vino, le quita la espina dorsal y queda como un híbrido extraño, por tanto no estoy seguro que esta sea la forma de pelear con estas otras tendencias.

 

  • ¿A qué atribuye usted que a pesar de todas estas tendencias saludables, apenas llegó la pandemia se reactivó el consumo de vino en todos los países?
  • Muchas razones, aburrimiento, facilidad de compra en los supermercados que por largo tiempo fueron lo único que estaba abierto. La estábamos pasando tan mal que queríamos darnos gratificaciones, el ser humano cuando ha estado impedido quiere gratificarse con algo inmediato.  Las bodegas como la nuestra sufrimos mucho esta tendencia porque trabajábamos con vinotecas y restaurantes fundamentalmente; si observamos lo sucedido en los 2 últimos años, los grandes ganadores son las bodegas que tenían conexiones con supermercados y con e – commerce, pero ahora se está llegando a un nuevo equilibrio.

 

  • Dice que no viene a Mendoza desde febrero del 2020, cómo llevó la empresa en este tiempo de ausencia?
  • No he podido probar ni los vinos 2020 ni los 2021 pero nuestro equipo – que es de excelencia y con el que estoy muy agradecido- nos permitió sortear esta situación, muchas reuniones por zoom, mucho diálogo. Gracias a el sobrevivimos con dificultades, pudimos pagar todo y terminamos sin deudas.

 

  • ¿Cómo los impactó el aumento del precio de la uva este año?
  • Los precios 2019 y 2020 fueron absudarmente bajos, y pagados en cuotas, y el aumento de este año fue demasiado grande, el precio real estará entre medio de los 23 pesos y los 79 pesos que hoy pagamos. Sucede que el año pasado se vendió tanto granel, que hoy están pidiendo 80 a 100 pesos por un litro de vino corriente. Un dólar, esto es excesivo, 9 dólares de jugo más 10 dólares de insumos secos hacen un costo de 19 dólares, eso nos hace entrar y salir en determinados mercados y eso no es bueno. Necesitamos estabilizar en un precio razonable la uva, 60 centavos de dólar.

 

  •  ¿Cuáles son sus expectativas para el segundo semestre?
  • En mercado interno creo que van a subir los precios, y el ingreso de bolsillo cae por lo que no vemos aumento de consumo. Los mercados externos por ahora se ven algo normalizados, pero estamos muy a la expectativa por lo que sucederá con la variante Delta. El problema siguen siendo los canales de venta y la falta de acuerdos comerciales de Argentina, que siempre nos perjudica. Chile tiene un acuerdo de libre comercio con China, y Argentina no tiene, seguimos enfrentando los problemas estructurales de Argentina, no se pueden hacer muchos negocios a partir de un país que no quiere formar parte del mundo. Es lógico que quienes te compran también quieren que les compres.  El mundo globalizado va hacia el comercio libre, en Chile tenemos acuerdos con el 94% del mundo. En el primer semestre del año Chile exportó usd 727 millones de mientras que Argentina exportó usd 432 millones con un potencial mucho mayor. Aquí es donde tenemos el atasco y aquí es donde se ven las diferencias.

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