Buscando su propio estilo, Rosell Boher sacó al mercado un nuevo rosado de características particulares. Interesante porque no se apegaron a la tendencia de «vino rosé ácido, seco y pálido» que es el must actual, sino que buscaron un equilibrio que brinda al blend un vino de prensa (Merlot y Pinot Noir) y un rosado de sangría (Malbec).

Su conjunto se fermentó, luego de un desborre en tanques de acero inoxidable a temperaturas bajas controladas y con el agregado de levaduras seleccionadas.

Sólo se elaboró una partida limitada de 8500 botellas, que incluyen la novedad para la bodega de la Screw Cap o tapa a rosca.

“Hemos llegado a este producto tras varios años de pruebas, y estamos convencidos que sin dudas se trata de un Rosé a la altura de los Casa Boher”, anticipó Alejandro Martínez Rosell, Enólogo de la bodega.

Antes de probarlo, lo enfrié durante dos días en heladera para beberlo a una temperatura de 7 grados. Me pareció hermosa la etiqueta rosa discreta, con un toque de «navieté» y clacisismo. La tapa a rosca es una innovación para un vino de Rosell Boher y en este caso, queda perfecta con su cápsula negra y su marco de flores color cobre.

Este Rosé, como dije al inicio, tiene personalidad: tiene una nariz fresca, en la que aparecen también algunas notas licorosas; en boca lo primero que marca la diferencia es el delicado dulzor, dado por la azúcar residual. Ojo, no es un vino «dulce» en el estricto sentido de la palabra, y tampoco un rosé seco, tiene un poco de ambos mundos.  Buen volumen de boca, notas a cassis y licor de cherry, permanece largo tiempo, y se deja paladear a la vez que refresca. Sólo 12.8 de alcohol.

Precio sugerido $750.

 

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