A cambio de la exención impositiva con la que están beneficiadas, las bodegas deben invertir el equivalente y más (un 125%) en infraestructura y tecnología. Las inversiones en la última década (2005- 2015) alcanzaron más de $1.330 millones, cifra que acumulada, supera ampliamente el 125% que debía destinar la industria a cambio de la exención.
Así lo indica un reciente informe elaborado por el Observatorio de Economías Regionales de ACOVI, que analiza el sector de vinos espumantes entre 2005 y 2015, se ha percibido un importante crecimiento en la última década.

El período de tiempo analizado coincide con el comienzo de la exención al impuesto sobre los vinos espumantes, cuya primera exención fue por decreto en el 2005 y luego con sucesivas prórrogas hasta la última vigente y prorrogada hasta abril del corriente. La alícuota del impuesto interno que está exceptuada es del 12%, que tributaría sobre el precio del producto terminado, es decir que termina recayendo sobre el consumidor.

En el 2014 hubo tratativas de transformar en ley la exclusión, pero no hubo resultados. En caso de que este beneficio se interrumpa a su vencimiento, se calcula un impacto económico de entre 430 / 470 millones de pesos para la industria.

Dicha exclusión ha producido más de 10 años de crecimiento sostenido en el sector. Hoy hay más de 120 bodegas elaboradoras. Además, en una década se pasó de 61 bodegas fraccionadoras de este producto a más de 160 establecimientos.

Al respecto, Carlos Iannizzotto, gerente de ACOVI y vicepresidente de Coninagro, señaló: “Nuestro sector cooperativo ha crecido mucho en calidad y ventas en vinos espumantes, espumosos y vinos frescos. Vemos que es un sector muy auspiciante que puede seguir creciendo”.

“Las políticas impositivas y fiscales son el gran instrumento que tiene el Estado para promover la producción. Para que sea equitativo creemos que debe ser algo integral, no con parches, vinculado a la inversión y el trabajo. En la medida que los sectores se desarrollen y ese desarrollo implique trabajo, salario y mayor crecimiento económico, debe ir acompañado con beneficios de distinto tipo como pueden ser impositivos y financieros”.

“Por lo tanto no creemos que el Estado deba administrar, sino promover, incentivando a aquellos sectores que tienen creatividad, innovación, que aportan tecnología, que arriesgan, que comercializan. Esta es la forma de tener una política de Estado a favor de la producción, y por supuesto, en el tiempo. Porque el resultado del crecimiento en el sector de vinos espumantes es una política de varios años atrás. Esto muestra una vez más que cuando hay coherencia y apoyo a través del tiempo la producción, industria y la comercialización dan efectos positivos”.

“Como venimos planteando desde hace tiempo, es necesario reformular la política fiscal y el costo salarial frente al Estado, para que allí haya cada vez más producción, porque no simplemente el crecimiento y el desarrollo dan más trabajo. Es importante destacar esto, porque también hay empresas con grandes inversiones y tecnologías que expulsan trabajo. Desde el sector cooperativo creemos que el crecimiento y desarrollo debe estar vinculado a innovación pero también a dar más trabajo y empleo”.

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